Nidia Kahan
Nací en Buenos Aires, Argentina en 1951. Licenciada en Artes Plásticas y en Psicología.
Realicé cursos, post grados y clínicas de obra. Participé en Bienales, salones y muestras.
La naturaleza fue mi eje de representación desde el comienzo.
La “papa corazón” como homenaje a mis ancestros.
Tierra, raíces, hojas, hilos, papeles y ferrites a través del microscopio electrónico en un diálogo entre ciencia y tecnología.
Jugué con el tiempo y su concepto inalcanzable con papeles fotosensibles.
La residencia en Tagle me conmocionó. Quede paralizada, dudas, preguntas, ansias.
Afán por encontrar un más allá de mis límites, derrotando prejuicios.
Fue descubrir nuevas formas de sentir, de libertad, de manifestar.
Me tomó tiempo comprender la pequeñez ante lo inasible.
El trabajo que realicé se denomina “Alumbrar” porque en su doble sentido fue el nacimiento de otras emociones.
La luz aparece al otro lado del camino, en la próxima orilla.
La Piedra Blanda (El Camino - 02/2026)
Camino…
Miro hacia abajo, a los costados, a todos lados.
Miro hacia adentro, camino…
Siento la naturaleza generosa que hace lugar a todas las criaturas, a cualquier especie sin distinción.
Allí descubro a los apretados, a los que salen a la vida en busca de una oportunidad, un lugar, a los microscópicos e invisibles que veo.
Así ando distraída, perdida en mi red.
Los espacios que no miramos.
Dibujo líneas, quiebres en la roca que comunican, se pierden y vuelven a surgir.
Voy, entro, descubro.
No importa si estoy de paso, si soy huésped por un instante, intrusa, dueña o expulsada, haré lugar.
Huecos, agujeros, moradas, refugios, espacios, territorios vacíos, sitios donde instalarse.
Tengo albergue para todos.
Acá la naturaleza se expande y asoma la vida.
La piedra, la roca se ablandan, para quien quiera habitarla.
Los espacios que no miramos están ahí.
Los invito a abrir los ojos, la mente y el corazón
Están ahí.
Miremos.
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Alumbrar (Residencia de Arte NAT - 09/2025)
Comienzo a caminar sobre mis pasos nuevos territorios. Descubriendo mundos, abriendo caminos, remontando cuestas.
De la profundidad a la superficie, de los cuestionamientos a la búsqueda.
Me han abierto la puerta para ir a jugar.
Mi corazón estalla hacia nuevos latidos.
No sé qué hacer, ¿cuál será la dirección a tomar?
Cierro mis ojos, respiro profundo y comienzo a transitar un nuevo día.
Es un laberinto. Uno con salida, y en esa búsqueda acecha el miedo, la duda y la conmoción me estremece.
A pasos lentos se desarrolla la tormenta, por momentos mi vista se nubla, no puedo ver con claridad qué hay a los lejos, aún así continúo caminando en el afán por descubrir qué sorpresas me esperan.
Huele a lluvia.
Huele a pasto mojado, me remonta al juego.
Quiero ser transparente como el agua que toma el color de la superficie en que se posa.
Los días multicolores, grises, suaves e intensos. Morados, rojos y rosas, piedras y espinillos, todos los verdes conocidos y los que no.
Azules intensos, violetas también.
Y sobreviene el caos del descubrimiento.
Siento los verdes recorriéndome.
Los rojos y naranjas escribiendo mi historia, los grises y ocres sosteniéndome.
Naturaleza brutal, abrumadora y la pequeñez más absoluta.
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