Eva Ranea

Eva Ranea

Evangelina Ranea Sierra. (Madrid, 1953)

Licenciada en Historia y Geografía (UCM), Diplomada en Biblioteconomía y Documentación. Máster en Museología (UAH).

Inicia su trayectoria laboral como responsable de la Biblioteca Municipal Miguel Hernández (Huelva).

En Cantabria como Funcionaria de Carrera ha trabajado en Documentación y Gestión Patrimonial y Cultural en los Museos de Prehistoria y Arqueología (MUPAC), Marítimo (MMC) y Etnográfico (METCAN) del que fue Directora.

Durante diez años participó en la Comisión Técnica de Cooperación Bibliotecaria (CCTB) del Ministerio de Cultura representando a Cantabria en la misma.  

En 2020 finalizó su servicio activo en la vida laboral como Directora General de Cultura del Gobierno de Cantabria, donde asumió funciones representativas  en los Patronatos de la Biblioteca Nacional y La Fundación Gerardo Diego, y responsabilidad en  la gestión cultural: exposiciones artísticas, teatro, cine, bibliotecas, museos, centros culturales, además de la recuperación y conservación del Patrimonio Cántabro.

Cuatro geranios y 20 palabras  (Huellas - 02/2023)


Reencuentro en la Naturaleza (Parque de la Magdalena, Santander, por la mañana)

Vuelvo al lugar elegido, es pronto y una ligera bruma húmeda cubre el mar a pesar del sol. 

Me asomo y me siento a observar (intento hacer mío el lugar y ver lo que me dice con todas las connotaciones relacionales que tiene para mí de comunicación con mi madre).

Siento la incómoda humedad en mi cuerpo y me asomo al acantilado- mar en calma- Sin embargo, el mar me produce cierta inquietud, y el precipicio no me proporciona comodidad.

Surgen momentos del pasado, de mi vida con mi madre, recuerdos, no siempre plácidos.

El mar empieza a agitarse, se levanta una brisa y las olas peinan con su espuma la superficie erosionada del fondo de las rocas, suben y bajan, las rocas brillan como espejos.

El sol comienza a calentar y levanta la bruma. Me llega una imagen: las ventanas de mi casa con las flores siempre de mi madre. El precipicio se torna en una gran ventana, un balcón al mar… ¿Y si planto allí flores? … la sensación de temor, el vértigo, la inquietud se atenúan entonces.

El lugar se transforma en mi casa, una casa en la naturaleza, abandono mi ventana y entro en las habitación allí el protagonista es EL Tamarindo.

Me lleva su aspecto viejo, rugoso, lleno de huecos, su falsa apariencia de fragilidad frente al viento, las tempestades, los vapores húmedos. Sus ramas desnudas y etéreas. 

Me llega el sonido de las olas cada vez más fuerte…dejé la ventana abierta. Me siento en el tronco del tamarindo y siento su fuerza, sus raíces, su consistencia. Me siento segura en este sillón natural. Reconfortada, dispuesta a la conversación.

Miro al cielo, azul, lo observo entre las pequeñas ramas y poco a poco con la música marina de fondo, veo caer PALABRAS, se entre cruzan lentamente, con sigilo, sin alterar nada el momento, flotan en el viento y se depositan suavemente en algunas ramas.

Palabras, palabras, palabras: Sosiego, ternura, mirada, observa, choque, ingenuidad, calma, sonrisa, bonita, señorita, buena, tengo frío, libros, música, vida, hija, cartas, escríbeme, cuéntame, primogénita, guapa, y más y más y muchas más- CAEN y se quedan HABLAN

Me asomo a la ventana, ya tiene flores, flores y palabras en la música del mar COMUNICACIÓN.


Cuatro geranios y 20 palabras

Brisa, oleaje,

una isla, blanco el horizonte.

Allí el acantilado,

donde, al fin, fuiste naturaleza.

Una conversación…

Temor…la espuma oceánica

 se desliza en suave movimiento,

espejo rocoso…

En lo alto, cuatro flores,

Rojo, verde,

Sosiego…

Estructura arbórea,

Tamarix rugoso, fuerte,

vestido de brillantes musgos,

húmedas oquedades del tiempo.

Luz gris…

Suave brisa y entonces:

Tus PALABRAS  caen y encienden el cielo.

Azul.

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